“…Desnudándose en cuarenta bajo cero.
Llorando cuando el aire se rió.
Boludeando cuando hay que estar bien serio.
Festejando un cumpleaños que hace tiempo ya pasó.
Haciendo cuentas justo en pleno beso.
Rechazando cuando hay que hacer un gol.
Bailando un twist cuando hay que estar atento.
No se puede así vivir mi corazón.
Voy yendo a contraluz, desperdiciando mi alma a destiempo.
Siempre cargué esta cruz.
Desesperando en la alegría, oscureciendo fantasía.
Torciendo mi destino siempre a contraluz…”
(A destiempo; Bersuit Vergarabat)
Vienen y se van. Son rápidos. Son astutos. Llegan en el momento justo y se quedan el tiempo necesario. En mitad del polvo te acordás de tu perro de la infancia, por ejemplo, y listo. Te caga el polvo, te caga el momento y te caga la vida.
Ayer me puse a pensar (ya sé, podría terminar la oración acá y ya sería toda una anécdota), y la verdad es que no sé qué esperar de la vida. Muchos son testigos de que mi vida es un poco inestable, y reconozco que es así porque yo soy un poco inestable. Un día nos llevamos bárbaro y al otro decide que es mejor aprovecharse sexualmente de mi cuerpo, y no de una manera en la cual yo también lo pueda disfrutar.
Es que cuando estoy bajo mucho estrés, me viene el T.O.C. (Trastorno Obsesivo Compulsivo). Entrar con el pie derecho a un lugar para tener buena suerte, guardar todas las cucharas en un mismo lugar (porque sino la cuchara que queda sola se va a sentir mal), ordenar toda la casa antes de ver una película porque sino el libro mal ubicado en la otra habitación te va a joder las dos horas (no lo podés ver, pero sabés que está ahí, arriba del escritorio en vez del estante de la biblioteca donde le corresponde, según su trama, obvio); son algunos ejemplos de estos Pensamientos Obsesivos que invaden mi cabeza cada vez que estoy bajo presión.
He hecho de todo con mi vida. No me quejo de las oportunidades que me ha dado. He cantado frente a un público; empecé a tocar el saxo con instrumento propio; estuve a dos metros de mis ídolos Brian May y Roger Taylor en el único concierto que dieron en la Argentina después de 27 años; empecé a trabajar para mis referentes de mi pasión, que es la radio; encontré un espacio para tener mi propio programa… ok, soy muy afortunado. Pero hay algo que siempre me juega en contra: yo.
Sí, bueno he tenido un poco de ayuda externa. Me hicieron dar cuenta de que soy horrible cantando; me robaron el saxo a los dos meses (entre otras cosas, claro); el día del concierto se me acalambraron las dos piernas a la salida y quedé tirado en una oscura avenida de Buenos Aires por un tiempo, entre otras cosas. Pero reconozco que soy un maestro en el arte del autosabotaje. Los Pensamientos Obsesivos son mi manera de autoflagelarme.
¿Por qué? Qué se yo. Igual viendo lo inestable de mi psiquis no necesito un motivo concreto, ¿no? La verdad es que uno se acostumbra con el tiempo. Aprendés a hacerle caso omiso. Aprendés a ignorar cada palabra que dicta tu cabeza. Aprendés a hacer lo contrario de lo que dicta tu mente. En resumen, aprendés a decir: “¡qué me importa!”
Harry Tapas




